Normalmente, cuando nos decidimos a comprar una nueva casa, lo ideal es vender la anterior para que con el dinero recibido, podamos afrontar el pago de la nueva residencia. Sin embargo, no siempre tenemos suerte vendiendo nuestra vivienda o simplemente la necesidad nos apremia y no tenemos tiempo suficiente para poder vender la casa en la que residimos, para ello, se han creado las hipotecas puente.

Esta hipoteca nos permite tener un crédito que concede la posibilidad de comprar una casa nueva, mientras la antigua está en venta. Se trata de un crédito con el que el titular podría adaptar los pagos hasta que venda su propiedad actual, aunque esta opción no está exenta de riesgos, con lo que debemos ser precavidos antes de contratarlo.

Una de las dificultades principales que podemos encontrarnos cuando contratamos este tipo de hipoteca es que no consigamos vender la otra casa, con lo cual estaremos pagando una deuda hipotecaria importante sobre los dos inmuebles. Asimismo, corremos el riesgo de perder las dos viviendas, ya que si no podemos hacer frente a las mensualidades, la garantía de la hipoteca serían las dos casas.

Una hipoteca puente funciona de la siguiente manera:

  1. Una vez contratado, el banco nos da un préstamo hipotecario con las dos viviendas, la que compramos y la que queremos vender como garantía, y en general, nos puede dar entre 6 meses y 5 años, dependiendo del banco, para poder vender la casa antigua.
  2. El pago de las cuotas, mientras no encontremos un comprador, se abonarán las mensualidades del crédito y en la mayoría de los casos se nos permitirá disfrutar de una carencia hipotecaria de capital, con lo cual las cuotas serán relativamente bajas.
  3. Por último, con la venta de la anterior vivienda, se podrá utilizar el dinero para cancelar parte de la deuda y liberar la casa antigua, a partir de ese momento se formalizará una hipoteca convencional para el nuevo inmueble.
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